Para merecer las promesas.
Existen muchas prácticas piadosas con las que se nos promete a quienes las realizamos, determinados "premios", o más bien "consecuencias". Es muy importante saber que para que se cumplan esas promesas es necesaria la cooperación del hombre.
Las prácticas piadosas (como el rezo del Rosario) son una forma de demostrar nuestro amor a Dios, nuestro deseo de alabarlo, darle gracias, pedirle favores y contagiar a otros de estos mismos deseos. Se refieren a oraciones, visitas al templo, participación en la liturgia, etc.
Cuando hablamos de amor a Dios, no nos referimos solamente a ofrecer esas prácticas piadosas; el amor a Dios se manifiesta además y sobre todo con las actitudes y comportamientos de la vida cotidiana. Por lo tanto, las prácticas piadosas te deben ayudar a vivir de acuerdo a ese amor que le tienes a Dios, es decir, de acuerdo a la voluntad de Dios, revelada por Jesucristo en su Evangelio.
O sea, si tú cristiano rezas, rindes culto, participas en la liturgia, es porque reconoces el inmenso amor que Dios te tiene; porque sabes que es justo y necesario alabar y bendecir a Dios en todo momento; porque reconoces que nada puedes sin la ayuda del Señor; porque quieres ser un auténtico cristiano -seguidor de Cristo- obedeciendo lo que Él nos enseñó: el amor al prójimo.
Cuando rezas para pedir una gracia o un favor a Dios, tienes presente que Él conoce bien cuáles son tus necesidades y confías en su Amor y Sabiduría; le pides a Dios, sí, pero anteponiendo lo que decimos en el Padrenuestro: "Hágase Señor tu voluntad…". Dios conoce lo que tú necesitas realmente, aunque sea otra cosa lo que tú deseas. La voluntad de Dios es muchas veces incomprensible para el hombre, pero la fe permite que confiemos aunque no comprendamos, porque tenemos la certeza de cuánto Dios nos ama y sabemos que todo lo que permite es para nuestro bien, para alcanzar nuestra salvación.
La Virgen María intercede por nosotros ante Dios y promete a quienes rezamos el Rosario, por ejemplo, que "recibiremos cualquier gracia… seremos protegidos siempre… nos socorrerá en las necesidades… ." Y también promete que "hará germinar las virtudes… destruye el vicio y libra del pecado… el alma no perecerá…
" Podrías preguntarte por ejemplo, por qué enfermó y murió aquella niña tan pequeña, ¿es que sus padres nunca le pidieron a la Virgen ni a Dios que la protegiera y la librara de la muerte? Por qué tantos accidentes, violencia, atropellos a gente buena, ¿será que nunca rezan el Rosario?…..
La única forma de contestarnos estas y otras preguntas, es a través de la fe; de la confianza plena en la Divina Providencia. Ningún razonamiento humano puede explicar la presencia del mal en el mundo.
La Virgen María promete muchas cosas a quienes rezamos el Rosario, pero:
· Te libras del pecado sólo si te arrepientes, te confiesas y te propones enmendarte.
· Tu alma no perecerá, si procuras estar siempre en gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal.
· Todo lo que pidas te será concedido, siempre que ayude a la salvación de tu alma.
Lo que más le interesa a la Virgen es que todas las personas se salven y alcancen, como Ella, la Vida Eterna. Todo lo que María ha dicho y prometido es con esta principal intención, que, como dijo en las Bodas de Caná, todos los hombres "..hagan todo lo que Él les mande." (Jn 2,5)
Como vez, rezar el Rosario -como cualquier otra práctica piadosa- no es una "fórmula mágica" para librarnos del mal y para obtener todo lo que queramos. Tampoco es un "pase automático" al cielo. Se requiere de varias condiciones, todas ellas precedidas por la fe firme en Dios, Padre Todopoderoso, y en Jesucristo, el único "Camino, Verdad y Vida"; además de las siguientes actitudes interiores:
· Deseo sincero de alabar a Dios por medio de esas oraciones.
· Aceptar y vivir las enseñanzas del Evangelio de Jesús.
· Amor sincero a María, admirando sus virtudes y buscando imitarlas.
· Propósito firme de apartarse del pecado para alcanzar la vida eterna.
.Aceptar la voluntad de Dios, por la convicción de su gran Amor y Sabiduría.